jueves, 30 de agosto de 2007

George Whitman: un librero de libro en París



Un hombre de 93 años aparecio entre las páginas de la revista del avión Madrid-París. Era un tal George Whitman, delgado, canoso y con cierto aplomo bohemio que con la prolongación de la edad da un porte de aires juveniles y miradas despiertas entre arrugas que expresan serenidad. Y en pijama.


Es un ingles, instalado en París tras la II Guerra Mundial, que decidio montarse su propia libreria en inglés hoy ya consagrada y peculiar: Shakespeare & Co, cerca del kilómetro 0 de París, en el Barrio Latino, lleno de librerias, restaurantes de diferentes partes del mundo, y a lo largo de la historia zona universitaria con todo lo que eso conlleva.


¿Que qué tiene de especial todo eso? Pues que no es una librería cualquiera, es un centro rodeado de libros que lleva desde su apertura abriendo las puertas a escritores de todas partes del mundo para intercambiar cultura. George ofrece un techo para todo aquel que quiera quedarse allí como un hogar a cambio de dedicarse a leer, escribir e intercambiar pensamientos, una hora de trabajo en la librería y de una autobiografia de dicho invitado. Son ya 100.000 biografias las que tiene en su poder.


Y no es solo una libreria de libros antiguos, con sus escaleras de madera y su olor a papel y polvo entre un armónico caos de tomos que inundan las paredes, sino que una de las finalidades es utilizralo de libreria e intercambio cultural.


Es increíble que aun existan cosas como estas. Lugares sin ánimo de lucro, con historia, que reúnan a los humildes del tintero y la pluma del siglo XX y XXI con la simple finalidad de contactar con otras ideas. He aquí un librero de libro, una burbuja dentro del caos actual, que ha escrito su propia historia con el flujo de ideas.


Si os pasais por París, decidle hola de mi parte.


Más información: George Whitman, Shakespeare & Co.

2 comentarios:

Lupi_ferrocarril35 dijo...

tambores, cuántos blogs tienes???

Meike dijo...

:) Me encanta la idea de este señor.

Si algún día voy, me encantaría pegarle un achuchón.

Un besito, enorme.