sábado, 7 de junio de 2008

Max Blecher. Palabras encorsetadas de escayola

Se llamaba Max Blecher. Era rumano, judío y vivió solo 30 años que justo coincidieron con las Guerras Mundiales, desde 1909 hasta 1938. A los 19 años, una enfermedad, la tuberculosis ósea, le condenó de por vida al ostracismo dentro de su corsé de escayola que reducía su capacidad de movimiento, su existencia. Su cabeza produjo novelas y poemas con tintes surrealistas, desgarradores. Según leemos en el Babelia de hoy, él mismo dijo "me gusta creer que en el mundo del sueño existe, al menos, una plaqueta de versos firmada por mí, y que hay personas que la leen en sus pesadillas". Sus obras en vida no fueron valoradas por la gran traba del idioma que evitó la circulación de sus letras por Europa -cuánta literatura no conocemos de las lenguas minoritarias por la tontería de las traducciones-. Por si no fuera poco, el régimen comunista, enemigo del surrealismo, tampoco le dejó florecer. Hoy, podemos encontralo en librerías bajo el título "Cuerpo Transparente" - poesía- y "Acontecimientos de la irrealidad inmediata. La guardia iluminada. Diario de sanatorio y Corazones cicatrizados" -novela autobiográfica-. Hay que aprobecharlo.

Me fascina la creación creativa del surrealismo y me fascinan las personas desgarradoras. Él es una mezcla. Ahora, juzga por ti mism@.

Andadura

Yendo siempre adelante las sombras de mis pasos mueren
Como la trayectoria de un cometa de oscuridad
Y el asfalto a mis espaldas me suprime
Con todo lo que he sido y todo lo que he pensado
Como un prestidigitador
Destinado a escamotearme la vida.
Hay una sucesión correcta de casas
En este camino que no obstante
Ha de significar algo
Hay un cielo sin color sin olor sin carne
Sobre mis pasos sin importancia
Con los ojos cerrados ando en una caja negra
Con los ojos abiertos ando en una caja blanca
Y por más que me esfuerzo por entender algo
Pesados martillos me parten en la cabeza todos los pensamientos
Poema

Tu envoltura
Como un pájaro en el nido del corazón
En ríos de sangre te bañas
Y vuelas por la punta de mis dedos
Cuando te vas
El cuerpo recobra su infinito peso
Y el paisaje abierto de par en par
Significa tu ausencia
Como si hundieras las manos en un cesto
Me sacas del océano del sueño
Y la cabeza me zumba como una caracola
Tú piedra arrojada al lago
Tú círculo de agua que te abandona
Quizá esperándote resucite
El cadáver de una palabra
Y él con su linterna ciega me paseará
Por la noche
Tu pelo será su oscuridad
Y yo me sumergeré en las sombras.